
Ante una parada cardiorrespiratoria, los primeros minutos son decisivos.
Saber reconocer la situación, avisar rápidamente a los servicios de emergencias, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y utilizar un desfibrilador externo automatizado (DEA) puede aumentar las posibilidades de supervivencia de la persona afectada.
Los desfibriladores instalados en espacios públicos están diseñados para que puedan ser utilizados por personas sin conocimientos sanitarios avanzados. El propio equipo analiza el ritmo cardíaco y únicamente permite aplicar una descarga cuando detecta que está indicada.
Reconocer rápidamente una parada cardíaca
Una persona que sufre una parada cardiorrespiratoria generalmente pierde el conocimiento y no respira con normalidad.
Ante esta situación, es fundamental avisar inmediatamente al 112 y seguir las indicaciones del operador de emergencias.
Mientras llegan los servicios sanitarios, comenzar las compresiones torácicas puede ayudar a mantener temporalmente la circulación de sangre hacia órganos vitales como el cerebro y el corazón.
El DEA guía al usuario paso a paso
Una de las principales ventajas de los desfibriladores actuales es su facilidad de utilización.
Al encender el equipo, unas instrucciones de voz indican al usuario cómo colocar los electrodos sobre el pecho de la víctima. A continuación, el dispositivo analiza automáticamente el ritmo cardíaco.
Si el DEA determina que es necesaria una descarga, el propio equipo indica cuándo debe realizarse.
Si la descarga no está indicada, el aparato no permitirá aplicarla.
Más desfibriladores, pero también más formación
Durante los últimos años ha aumentado considerablemente la presencia de desfibriladores en instalaciones deportivas, edificios públicos, empresas, estaciones, comercios y espacios municipales.
Pero disponer de un DEA es solamente una parte de la cadena de supervivencia.
La formación básica en RCP y desfibrilación permite que más ciudadanos sepan cómo reaccionar ante una emergencia y reduce el temor a intervenir.
Cursos de pocas horas pueden proporcionar conocimientos suficientes para reconocer una parada cardíaca, realizar compresiones torácicas y utilizar correctamente un desfibrilador.
Localizar el DEA también es importante
Además de instalar desfibriladores, resulta fundamental que estos sean visibles, accesibles y estén correctamente señalizados.
Una instalación cerrada, una vitrina dañada, un equipo desaparecido o un acceso bloqueado pueden impedir utilizar el DEA precisamente cuando se necesita.
Por este motivo, la conservación y supervisión de los desfibriladores públicos forma también parte de la cardioprotección.
La participación ciudadana puede contribuir a detectar estas situaciones y facilitar que los responsables de las instalaciones puedan actuar rápidamente.
Una cadena en la que todos podemos participar
La respuesta ante una parada cardíaca no depende únicamente de los profesionales sanitarios.
Ciudadanos, servicios de emergencias, ayuntamientos, empresas mantenedoras y responsables de las instalaciones forman parte de una misma cadena.
Reconocer la emergencia, llamar al 112, comenzar la RCP y disponer rápidamente de un desfibrilador puede marcar la diferencia.
Cada minuto cuenta.

